Las ideas tienen su tiempo

San José, Costa Rica. 04 de enero de 2013.




Queridas amigas y amigos,

Como ustedes saben, en mayo de 2010, en un ejercicio de honestidad personal y transparencia política, reconocí con sinceridad que me entusiasmaba la idea de presentar mi nombre, en el momento oportuno, para el cargo de candidato presidencial del Partido Liberación Nacional de cara a las elecciones de febrero de 2014.

Las razones que fundamentaron mi aspiración electoral tienen que ver con el legítimo deseo de dar continuidad a un proyecto de desarrollo para Costa Rica, iniciado desde 1985, bajo el liderazgo de mi hermano Oscar que, desde entonces, tantas contribuciones ha hecho al bienestar de los costarricenses.

La consigna que guió mis aspiraciones es que Costa Rica tiene derecho a ser una nación desarrollada, económicamente rica, socialmente justa, ambientalmente sostenible y éticamente sólida.

Esa es la esencia del movimiento arista a la que busqué dar continuidad en razón de que los objetivos estratégicos que lo orientan cobran todavía mayor vigencia en la presente etapa que vive Costa Rica y en el futuro que avizoramos.

La modernización del Estado, el crecimiento económico a partir de la inserción inteligente de Costa Rica en la economía mundial, la equidad como antídoto contra la pobreza y la sostenibilidad ambiental son, desde siempre, los objetivos del arismo y deben ser las metas del país.

Aquella declaración inicial de mayo de 2010, motivó a ciertos sectores de la política tradicional de este país – para quienes en política todo se vale- a articular una virulenta campaña de ataques contra mi persona y mi buen nombre, considerándome, según su filosofía de la vida y de la política, "el hombre a vencer" de cara al 2014 y, por ello, el destinatario de sus más destructivos esfuerzos.

Ha sido una campaña especialmente ingrata por lo injustificado de sus ataques, por lo malicioso de sus intenciones y por la ínfima estatura de sus orquestadores.

Aún cuando ha sido aclarado cada uno de los injustificados cuestionamientos que se me han hecho; aún cuando desde los Tribunales se ha declarado en mi favor el sobreseimiento de las temerarias denuncias de que fui víctima, el ataque artero de mis gratuitos adversarios, que contaron para su propósito con el concurso entusiasta de algunos medios de comunicación colectiva, ha perjudicado mi nombre y la valoración política de mi propuesta.

La política es ciencia de realidades; la política electoral en particular es más un asunto de percepciones y emociones que de razones y méritos.

Hacer una valoración seria, rigurosa y honesta de la realidad es un deber y una necesidad permanente, y el principio que ha guiado mi vida.

Durante este fin de año, acompañado de mi familia, tuve la oportunidad de hacer un balance de la realidad electoral y de la viabilidad del proyecto que propuse al país a partir de enero de 2012.

Como resultado de esa reflexión confirmé mi convicción de que la política debe ser una cátedra de civismo en donde la decencia sea la norma y el respeto un deber.

Por ello, me parece inaceptable que algunos conviertan la política en un lodazal en donde hunden honras ajenas como si fueran trapos viejos.

Una política así no me ilusiona.

Por esta razón, como principal motivo además de otras consideraciones sobre la realidad electoral del país, he tomado una decisión que hoy comparto con las y los costarricenses: no voy a participar en la convención de Liberación Nacional para la escogencia de su candidato presidencial para el 2014.

Creo que, además de realista, esta decisión es responsable, madura y constructiva.

Concluyo así este período de mi vida sintiéndome profundamente enriquecido y gratificado con esta experiencia que me ha permitido conocer a miles de personas extraordinarias.

En este momento, quiero agradecer profundamente a cada una y cada uno de estos costarricenses que me abrieron generosos las puertas de sus casas, que me extendieron bondadosos su mano, que me dieron su apoyo sincero, que comprometieron junto a mi sus afanes. De corazón, muchas gracias, a todas y todos. Quiero reiterarles que yo estaré ahí siempre para ustedes en lo que pueda servirles. Esta vocación de servicio es y será siempre parte de mi vida, este o no activamente en una campaña electoral.

Particular mención hago de las y los jóvenes que me acompañaron en esta travesía, en quienes veo a la Costa Rica del futuro: llenos de entusiasmo, magníficamente preparados, honestos en sus afanes y sinceros en sus compromisos.

A estos jóvenes que me acompañaron mi llamado es a que sigan adelante, a que construyan su propio camino y sus propios espacios, regidos como hasta ahora por la búsqueda de la excelencia como un afán constante y por la honestidad como una condición siempre exigible.

Los sueños, las esperanzas y, sobre todo, las ideas tienen su tiempo.

Rodrigo Arias Sánchez, como costarricense, siempre estará al servicio de este país maravilloso y bueno. Es un deber, es un honor, y una poderosa razón para continuar adelante.

Muchas gracias.



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